miércoles, 7 de mayo de 2014

Llovía



Balanceándose en la cima lo sorprendió la tarde, anocheciendo. No quería caer pero llevaba horas abrumado por esa sensación de estar bordeando el abismo. Sudaba. Ensayaba personalidades que jugasen distinto rol dentro de lo que hoy veía de afuera.
Adormecía el abandono de la duda en terrazas desiertas donde los edificios mostraban lo que nadie veía. Extrañaba, en estos últimos minutos, como un niño a su madre, aquellos otoños  cobijado en el calor de los brazos de la infancia. Todo era imperceptible en la niñez, sólo buscaba reír y reír.  Los faroles empañados impedían a las estrellas lucirse en ese negro tan noche, donde lo incierto traía el día madrugando en sus espaldas.
Era protagonista y espectador.
Se sintió vencido . Sus rodillas flexionaron los miedos, sus párpados pesaron cada decisión. Alrededor sólo cielo, aire y suerte. Cantó aquellas estrofas pronunciando un hasta luego y tembló los miedos ahora derretidos.
Llovía.  Levitaba.

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